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07/05/2007
El arte que amansa los muros

Lugar: París, Rue Père Teilhard de Chardin
Para el ideario popular, el fenómeno urbano de pintar en una pared es como un controvertido personaje público que en ciertos círculos será bien considerado y en otros será el ser más abominable. En un extremo considerarán que el uso de la pintura en una pared es, sin distinción alguna, un acto de vandalismo hacia la propiedad pública, en el otro, lo valorarán como una forma inequívoca de arte. En la mayoría de las ocasiones, estas consideraciones dependerán del tiempo que este personaje polémico y polifacético lleve paseándose por nuestras calles. En el caso de la Plantilla, hay ciudades en las que jamás se ha visto una y, si se intenta explicar de qué se trata a alguno de sus viandantes, el resultado es una representación mental de algo oscuro, bizarro y con cierto toque sectario. Zarpamos a bordo de este blog hace apenas tres meses, porque al andar por Granada y Sevilla comenzamos a fijarnos en esos mensajes hechos de cartón y pintura. No antes, sino entonces, se hicieron notar ante nuestros ojos en medio del inmenso museo de la calle. Era algo novedoso y con infinidad de posibilidades. Pero en otras ciudades, la plantilla lleva paseándose tanto tiempo por las calles que casi nadie allí duda de su categoría de arte. En estas ciudades ha evolucionado desde el rupestre hasta su vanguardia más depurada y sus autores firman con pseudónimos que figuran en exposiciones temporales de museos que exponen su obra y que dan título a monográficos disponibles en librerías especializadas. Ése es el caso de Jef Aérosol y las calles de París que le sirven de galería, que hoy empezamos a presentar aquí. Jef Aerosol es el pseudónimo de Jean - François Perroy y ha cultivado el arte de la plantilla desde 1982, dejando su huella por Chicago, Nueva York, Londres, Venecia y, por supuesto, París. Su tema principal es el retrato, en ocasiones de conocidos, en otras de anónimos y en otras de personas que sólo conocía él. Sus obras nos muestran personajes de tamaño natural, sentados en el suelo, caminando, apoyados en una esquina o en la jamba de una puerta, como si fuesen uno más en la pecera urbana. Usando el blanco, el negro y el gris, no sólo crea volumen, sino también esa expresividad que hace inconfundibles a aquellos que significaron algo en nuestras vidas o que nos hace cruzar la mirada con quienes podrían haberlo hecho. Hoy iniciamos aquí una pequeña muestra de este autor gracias al que podemos afirmar con algo más de rigor que la plantilla es arte, y si no, algo sobre lo que poder hacer un blog.
09/05/2007
I´m on a plain

Lugar: Granada, plaza Carretas
Volar no nos eleva. No nos aleja de la la tierra. Volar nos acerca a nuestros intestinos, no hay nada más cerca del suelo que nuestras tripas. Somos irracionales, tenemos miedo al miedo. Recordamos la sensación desagradable, espantosa, que produce el pánico. Imaginamos el peor momento, el de un avión que desciende sin freno, que cae, el estómago cerrado. Tememos tanto al dolor que hemos dejado de temer a la muerte.
"I´m on a plain/ I can´t complain.../ I love myself better than you/ I know it´s wrong, so what should I do?" (Nirvana)
Gracias a A.L por la foto
20/05/2007
Un pequeño paso para Draco...

Lugar: Huelva, Avenida Manuel Siurot (entre otros muchos lugares)
Hace unos días presentábamos a Jef Aèrosol , un artista evolucionado y con una larga carrera en esta plantación. El fenómeno de la plantilla asociada a él es el de un objeto de arte que se cuelga en un museo. En otros lugares, sin embargo, la plantilla es una gamberrada hecha por un adolescente. Hoy quiero presentar a Draco, tendrá en torno a 17 años y no lleva décadas plantando sus dibujos por diversas capitales del mundo. Pero la calavera que le sirve de señal, nació con el mismo germen creativo y la misma técnica que los retratos de Jef Aèrosol. Las diferencias son abismales y numerosas, sin embargo, de entre todas ellas me quedo con la mejor. Jef es un artista consagrado en un entorno que lo consagra. Draco es el primer artista en un entorno que está a años luz de entender lo que hace. El fuego nació por primera vez en cada uno de los lugares donde se encendió y nadie había oído hablar de él. Draco es el nuevo padre de la plantilla en una Huelva que apenas empieza a vislumbrar lo que es la cultura urbana.
Hasta ahora no hemos podido contactar con el autor de las plantillas que vamos exponiendo aquí. Pero la cercanía que posibilita este rincón del mundo nos ha permitido encontrar a Draco y agradecerle la oportunidad de contar con su punto de vista. Draco, levántate y habla:
Bueno... antes que nada, ya que no voy a hablar, sino a escribir, con vuestro permiso me quedaré sentado.
Ahí arriba me denominan como un artista y, entre otras cosas, padre de la plantilla en Huelva... En cuanto a lo de artista, ¿quién es la persona adecuada para adjudicar esa categoría? O simplemente, ¿existe esa persona? Yo no sé si soy un artista o no, ni tampoco si mi plantilla es la primera en Huelva o no. Yo no pondría la mano en el fuego. Pero en cuanto a por qué la hice... supongo que mis motivos no son tan profundos como los de otras personas, que crean plantillas de protesta, algunas con cierta ironía, otras sólo anuncian algo, y la típica que todos hemos visto alguna vez en nuestra vida, la que sí es la madre de todas las plantillas, esa que dice así..."PROHIBIDO FIJAR CARTELES". Todos estaremos de acuerdo en que no es la mejor, y dudo de que algún día este en un museo, pero hablamos de plantillas...
Los motivos que me animaron para hacer la plantilla fueron varios. Al principio buscaba una forma de "firmar", de que se sepa que he estado ahí, pero haciendo algo diferente, como es la plantilla. Y ahora debo dar las gracias a alguien que me animó a hacerla cuando para mí la plantilla sólo era una idea, y nunca me había planteado en serio hacerla. Esa persona es un amigo al que llaman Sime, uno de los que más firman en esta pequeña ciudad. Para los que no sepan a que me refiero cuando hablo de firmar, me refiero a pintar las paredes con tu seudónimo, y la plantilla para mí es una alternativa a esto. Poco a poco voy mejorando la forma y los materiales con las que fabrico mis plantillas, pero bueno, no espero que llegue el día de fundar un museo, sólo espero divertirme con lo que hago, divertirme con lo que me gusta...
Draco tiene su propio blog en http://www.esflog.com/dracoonis
28/05/2007
Nos gusta la gasolina

Lugar: Sevilla, Calle Mata
Por si a alguien le importan estos números (extraídos del Instituto Nacional de Estadística):
- El 32% de los asalariados siguen siendo temporales
- La participación de los salarios en la riqueza nacional cae a mínimos históricos (46,4%)
- De todos los que pueden trabajar en este país, el 82,3% vive de su sueldo y el 17,7% vive del excedente que existe más allá de esos sueldos.
-Sin embargo, la renta per cápita de los "excedentarios" es de 115.768 euros al año, frente a los 27.435 euros anuales de los asalariados
Un crecimiento económico del 4,1% puede ser un buen dato, sobre todo para los que lo disfrutan. Pero bueno, hablar de clases, salarios y explotación está totalmente pasado de moda. Quizás cale más si el cuento se escribe en forma de hipotecas inmortales, mensualidades con crecimientos del 20% dentro de un mismo año, bancos que hacen crecer sus beneficios un 30% y un sector inmobiliario español que coloca a 11 de sus paladines en la lista de multimillonarios de Forbes.
¿Quién enciende la cerilla?
29/05/2007
La Cara C

Lugar: Madrid, calle Zaragoza
Somos generaciones acostumbradas al cambio. Desde pequeños superamos distintos tránsitos, desde Caponata a Espinete, hasta los mundos de Yupi; del Coche Fantástico hasta el Halcón Callejero pasando por El Trueno Azul. La tecnología y sus evoluciones no tienen secretos para nosotros. Disfrutamos con el VHS y el Beta, pero dimos la bienvenida a la calidad del DVD (algunos pasando por el "laser disc"). Del tocadiscos al walkman y al discman. Hoy, parece que no hemos hecho otra cosa que bajar y transferir MP3. No hay problema, no importan los cambios que estén por venir, porque se trata de una noción que hemos asimilado y a los 80 años aprenderemos a usar los chismes más inimaginables.
Sin embargo, no por ello dejaremos de tener recuerdos. No se trata de nostalgia, porque ni de coña volvería a pasar por el sonido borroso y rozado de las cintas de casete. Pero dentro de esas carcasas de plástico quedó mucho más que unos 100 metros de banda plástica con ferrichrome. A medida que la música se iba gastando con el uso, cada audición dejaba grabado algún momento concreto de nuestra vida. Y, seguramente volverían a sonar si desempolvásemos esas montañas de cintas que se han quedado en algún cajón o estantería.
Seguro que todos hemos tenido alguna vez una primera cinta propia. No se trataba de la cinta prestada de algún hermano mayor o algún amigo, sino de una que compramos (o grabamos) porque nos gustaba a nosotros, porque la música que tenía dentro estaba allí por y para nosotros. La mía fue "Unplugged" de Eric Clapton. Era el verano de 1992 y la compré en el "Continente" del Zaidín, en Granada. Que te gustase una música propia había sido hasta entonces una cuestión de hermanas mayores, desde entonces me hizo compañía en muchas ocasiones.
En el verano de 1994 suspendí las Matemáticas para Septiembre. Desde mediados de Julio hasta mediados de Septiembre pasé los días en una pequeña casa rústica a 10 kilómetros de la ciudad de la que sólo salí un día. Estudiaba desde las 9:00 de la mañana hasta las 17:00, parando para comer y para ir al servicio. A partir de las de las 17:00 había de hacer pequeñas tareas rústicas como cortar leña o cargar piedras desde el solar de enfrente. Por las noches tenía mi walkman Sanyo y unas cintas de Otis Redding, Ray Charles y de los Beatles, herencia de los guateques setenteros de mis tíos. Me había procurado un cargamento de pilas que me torturaban conforme se iban gastando, haciendo que la música sonase como si se estuviese derritiendo. Apenas me duraron la primera semana y media. Un día mis padres salieron durante toda la tarde y no dudé en coger la bicicleta para ir a la cuidad y comprar un transformador de 3 voltios para enchufar el walkman a la red. Recorrí los 10 kilómetros de ida y los 10 de vuelta como un loco temiendo que mis padres volviesen antes de tiempo. En el camino de regreso, al atardecer, tuve una sensación de libertad y plenitud que sólo muchos años después pude superar. Esa noche y las siguientes pude escuchar la música de mis cintas con total tranquilidad y hasta usar la tecla de rebobinado en lugar del bolígrafo y la fuerza centrífuga. Se trataba sólo de hundir la cabeza en la almohada, fundir mi vida en negro, hacer desaparecer aquella casa y sus habitantes y dejar correr la cinta de un lado a otro.

