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06/11/2007
Una carrera prometedora

Lugar: Lisboa, Rua das Gavéas
A lo mejor os estáis preguntando qué es lo que aparece en la plantilla. Pues es una estrella. Sí, ¿por qué no?. Los que no sabemos dibujar necesitamos mucho de la imaginación de los demás. Y los que no sabemos esculpir, ni bordar, ni cantar... En fin, que estamos hartos de ese ¿y eso qué es?, que tanto nos han preguntado una y otra vez en el colegio a la vista de nuestras obras. Yo vi el cielo abierto el día que aprendí la palabra "abstracto". Desde ese momento me limité a llenar de colores mezclados folios y folios, y así era como pasaba las horas de plástica en el colegio. Fui la única a la que no le colgaron ni un solo dibujo en el corcho en los ocho años de EGB. Y qué decir de la escultura... una vez tuvimos que hacer una figura con jabón Lagarto. Mi compañera, llena de habilidades (hizo una vez unas rosas de punto de cruz mientras que yo sólo acerté a bordar lo que acabé por llamar "marcianos") esculpió un autobús. Pero un señor autobús. Había hasta gente que salía por las ventanas. ¿Y qué hice yo? Bueno, mi idea inicial era hacer un oso. Pero me pasé cortando con el cuchillo, así que pensé que mejor sería hacer una foca. Pero seguí cortando y cortando. Después de pasar por un proyecto de paloma y de persona, acabé tallando una bola. Sí señor, una esfera, como siete veces menor que la pastilla de jabón inicial. Al final, para que pareciera algo menos fría, decidí ponerle un par de ojos.
Y lo más increíble: cuando llegué al primer instituto en el que di clase, estuvieron a punto de ponerme a dar clase de tecnología. Habría sido un espectáculo de lo más curioso, yo allí cortando tablas llenas de bocados y raspones y mientras los alumnos matándose con las seguetas. La pregunta que se me ocurre es: ¿por qué hay personas que no tenemos ninguna habilidad manual? ¿Qué quería la evolución hacer con nosotros, allí, muertos de frío en la cueva sin saber cortar la carne, ni encender el fuego?. ¿Qué quiere de nosotros la vida moderna, sin saber aparcar bien y sin saber orientarnos?. Definitivamente, estamos perdidos.
11/11/2007
Sweet dreams

Lugar: Cádiz, Calle del silencio.
Claro que caben. Ese es el problema, que caben en cualquier sitio. Vayas donde vayas, los llevas, nunca te sueltan. Yo una vez soñé, incluso, dejar de tener sueños.
En cualquier bolsillo, en cualquier pliegue o resquicio cabe un sueño. Pero no son ligeros. Los sueños pesan hasta el dolor. Algún día, me abriré por dentro y de mí saldrán miles y miles de pequeños sueños, pesados como el basalto. Y cuando rueden por las calles aplastando todo lo que encuentren a su paso, mi cuerpo flotará, ingrávido y libre...
Gracias a Lola por la foto
26/11/2007
Tiempo de buscar setas

Lugar: Salamanca, calle Juan del Rey.
Ha llegado tarde, pero ya está aquí. Al final, el otoño siempre acaba llegando.
Hay un recuerdo que me viene siempre que aparecen los primeros fríos, mi gran recuerdo de otoño:
Está lloviendo, y las hojas de los plátanos cubren todo el suelo mientras yo avanzo, rápido, con ilusión, por la ribera del Genil, hacia la biblioteca. El olor es el mismo que aparece siempre en noviembre, el de las hojas mojadas. Hace mucho frío y en mis pies tengo la sensación más maravillosa del mundo: saber que mis botas de agua están empapadas, pero mis calcetines secos. Al entrar en la bibioteca, pequeña como un vagón de tren, me quito el ánorak. Busco en el fichero de autores y apunto el título, referencia y código en el impreso. Me acerco al mostrador y entrego el papel; ahora sólo falta esperar a que suban el libro por el montcargas. Es una espera ilusionada, disfrutando del calor de la biblioteca mientras fuera el agua lo domina todo.
Recuerdo que tuve que esperar mucho, más de lo acostumbrado, pero no me importó. Al fin, después de más de media hora, obtuve mi premio: "Los tres mosqueteros", Alejandro Dumas. Fue mi primer contacto con la Literatura con mayúsculas. Había leído ya mucho, es verdad, pero aquel fue un nuevo comienzo.
Para mí los otoños son los de Granada, con el frío, las castañas, el olor de las hojas de los plátanos de paseo mojadas por la lluvia. Aquí también llega, pero los pinos y los eucaliptos son árboles siempre cálidos. Ya se va noviembre, pero aquí no huele a frío, aquí no hay manzanas doradas. Es otoño, pero aquí todo es azul.
Gracias a A.L. por la foto
30/11/2007
Las otras vidas
Lugar: Lisboa, Travessa da TrinidadeHoy hace setenta y dos años que murió Pessoa, a los cuarenta y siete, en Lisboa. Queremos dejar un pequeño homenaje:
Al volante de un Chevrolet, por la carretera de Sintra,
al claro de luna y al sueño, por la carretera desierta,
conduzco solo, conduzco casi divagando, y un poco
me parece, o trato de que me parezca,
que voy por otra carretera, por otro sueño, por otro mundo,
que sigo sin haber dejado atrás Lisboa, o Sintra a la que llegar,
pero allá sigo yendo: ¿Que otra cosa puede hacer alguien que solo sabe proseguir?
Voy a pasar la noche a Sintra por no poder pasarla en Lisboa,
pero, cuando llegue a Sintra, lamentaré no haberme quedado en Lisboa.
Siempre esta inquietud sin propósito, sin nexo, sin consecuencia,
siempre, siempre, siempre
esta angustia excesiva del espíritu por nada,
en la carretera de Sintra, o en la carretera del sueño, o en la carretera de la vida...
Maleable a mis movimientos subconscientes en el volante,
me obedece el auto que me prestaron.
Sonrío del símbolo al pensarlo y girar a la derecha.
! En cuántas cosas que me prestaron sigo al mundo !
! Cuántas cosas que me prestaron conduzco como mías !
! Cuánto de lo que me prestaron -ay de mí- soy yo mismo!
A la izquierda una casucha - sí, una casucha - al borde de la carretera.
A la derecha el campo abierto, como la luna a lo lejos.
El automóvil, que parecía hace poco darme libertad,
ahora es una cosa donde estoy encerrado,
algo que solo puedo conducir por estar encerrado en él,
y que solo domino sí me incluyo en él, sí él me incluye.
A la izquierda, allá atrás, la casucha modesta, más que modesta.
La vida allí debe ser feliz, sólo porque no es mía.
Si alguien me vio desde la ventana de esa casucha, soñará: aquél sí qué es feliz.
Quizá para el chico que espiaba desde los cristales del altillo
quedé (con este automóvil prestado), como un sueño, un hada real.
Quizá para la muchacha que miró, al escuchar el motor, por la ventana de la cocina
yo posea algo del príncipe que tiene todo corazón de muchacha,
y me mirará de reojo, por los cristales, hasta que desaparezca en una curva.
¿Dejaré sueños detrás de mí, o es el automóvil el que los deja?
¿Yo, conductor de automóviles prestados, o el automóvil prestado que conduzco?
En la carretera de Sintra, a la luz de la luna, en la tristeza, ante los campos y la noche,
conduciendo desconsoladamente un Chevrolet prestado,
me pierdo en la carretera futura, desaparezco en la distancia que alcanzo,
y, en un deseo terrible, súbito, violento, inconcebible
acelero...
Pero mi corazón se quedó en ese terraplén que esquive, al verlo sin verlo,
a la puerta de la casucha,
mi corazón vacío,
mi corazón insatisfecho,
mi corazón más humano que yo, mas exacto que la vida.
En la carretera de Sintra, cerca de la medianoche, a la luz de la luna, al volante,
en la carretera de Sintra, ¡qué cansancio de mí propia imaginación!,
en la carretera de Sintra, cada vez más cerca de Sintra,
en la carretera de Sintra, cada vez menos cerca de mí ...
5-5-1928
Este poema pertenece al heterónimo de Pessoa Álvaro de Campos.

