Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2008.
A vista de pájaro

Lugar: Viana do Castelo, Rua Afonso III
Alguna vez he dejado caer en este blog alguna pista sobre el miedo que me da volar. No es un pánico insuperable, desde luego, porque cojo muchos vuelos, pero me incomoda bastante eso de andar por los aires, sobre todo cuando llega el momento del aterrizaje. Lo que más miedo me da es subir a un avión pequeño. Y hoy, viendo Memorias de África, he visto la escena famosa de la avioneta. Nunca la disfruto como es debido. Para empezar, no me subiría en la vida a un trasto tan poco fiable, ni de la mano del mismísimo Robert Redford. Cuando van sobrevolando el lago lleno de flamencos, a mí sólo se me ocurre pensar en qué pasaría si uno se enganchara en la hélice o se estrellase contra la cara de la pobre Meryl Streep. Y qué decir del momento en el que atraviesan las nubes... qué miedo, seguro que las turbulencias son espantosas. Me imagino vomitando en la cabeza del pobre Finch Hatton. Ya lo sé, soy un desastre. Fran, aquí presente, me acusa de ser poco romántica, pero no es cierto. Es que yo habría preferido una cenita.
Gracias a A.L. por la foto.
Adiós petróleo cruel

Lugar: Lisboa, Rua Nova da Trinidade
Más valdría volarse la tapa de los sesos con el plomo tradicional, teniendo en cuenta lo cara que está la gasolina. En 2004 el barril de Brent iba por los 52 dólares, en 2006 por los 78,64 hasta el año 2008 de nuestro señor en que, con 137 dólares por lata, se nos vienen a la cabeza las páginas satinadas del libro de historia de COU que nos traía noticias de los aciagos años setenta y sus crisis del petróleo. Hoy, los colegas emiratos de la OPEP no son los malos (bueno, sólo unos de Irán y Venezuela), sino la desaforada demanda china cuya economía se bebe los barriles como N. M. las pintas de cerveza. Pero como entonces, los que los venden se forran y los que pagamos vemos en el 1,2 € por litro de Efitec 95 a la mamaíta del rey Abdullah, de Obiang o de Chávez, entre otros. Hoy les dejamos la huelga a los transportistas. Que la lluvia le caiga al siguiente eslabón de la cadena. Al consumidor final de a pie, a mamá, papá, hijito, hijita, abuela y perro, eso de manifestarse les parece muy feíto, y, dóciles, siguen pagando los precios que sean y sus hipotecas. Ésta, nuestra crisis, es la de “¡Cómo ha subido el pan!” en la cabina del ascensor, la del IBEX 35 bajando un 1,35%, la de “Pues J. J. Benítez ha dicho que…” y la de “Con los 26 euros adicionales en la mensualidad de la hipoteca la comunión del niño ya no puede ser de 3.500 euros”. Y se nos arruga el ojete ante la incertidumbre que sólo el gurú de lo económico puede provocar sobre la tribu. Aquí, en casa, quienes pueden decirnos unas cuantas cosas interesantes sobre este tema son los nuevos 71.100 nuevos parados procedentes de la construcción. Pero si de verdad nos ponemos a hablar seriamente sobre crisis económica hay que volver al petróleo, oro negro malvado, caro y contaminante que encuentra un duro rival en el etanol, muy bueno y, dicen, más respetuoso con la madre Tierra. Pero el etanol se obtiene del maíz, de modo que la comida que adquiere gran valor para algunos países, porque pueden quemarla, es comida cuyo precio aumenta un 30 % para las millones de personas que todavía necesitan comérsela. Si se le une unas muy inoportunas sequías en países como Somalia o Mozambique, haciendo más escasa aún esa comida, la verdadera crisis económica es la de los 290 millones de personas en los países menos avanzados que ven que sus alimentos básicos se hacen prohibitivos ante la presión de la demanda de los países más ricos que, ante el escozor de tener que quemar petróleo caro, se han inventado lo de quemar la comida de los pobres. Así, mientras se nos aja la gorguera ante la subida del precio de la gasolina, por el sur comprueban cuán chungo es que lo que suba sea el precio de los alimentos. Crisis a la carta, ¿cuál prefieres?
Europa raptada

Lugar: Salamanca, calle Compañia
El único país que ha sometido el Tratado de la Unión Europea a referéndum, Irlanda, ha votado que hagan con él lo que más arriba se sugiere. El pobre Durao insiste en que 18 de los 27 miembros ya lo han aceptado, pero hasta el sudor de su frente sabe que ello ha sido gracias a que la criatura no ha salido de los respectivos parlamentos y, sobre todo, a que en esto de la Unión o todos o ninguno. Hoy Mamá Bruselas llora, victimista, a su pillo hijo irlandés, preguntándole en qué ha fallado ¿Acaso le faltaron alguna vez Fondos de Cohesión suficientes? Y algo de razón sí que hay en ese reproche, pues el “no” irlandés está fundamentalmente alentado por la típica coalición conservadora de turno a la que, eso de convertirse en contribuyentes del Fondo de Cohesión en lugar de receptores, le parece muy mal, y más si es para esos extranjeros del Este. Qué malos son estos viejos europeos, en cuanto se les da la más mínima ocasión para pronunciarse te echan abajo la Constitución Europea y, ahora, su plan B, el Tratado de Lisboa. ¿Pero qué puede tener de malo un texto auspiciado unilateralmente por Sarko, Zapatánsar, Angi o Il Cavaliere y demás familia? ¿Por qué les gustará disgustar tanto a una Comisión que promueve la jornada máxima laboral de 60 horas? Hay que ver, qué modo más pertinaz de echar por tierra éste su proyecto europeo. Quizás la cosa cuaje mejor con la próxima presidencia francesa, ya que Sarkozy va a sacar adelante uno de esos contratos draconianos para inmigrantes a nivel europeo. Porque al europeo le encanta votar a su gobierno conservador y detesta aguantar los tratados redactados por los gobiernos conservadores de los demás. Pero lo que más le gusta es aplicar el flagelo de sus gobiernos conservadores sobre terceros. Jocosa familia ésta, la europea.
Gracias a A. L. por la foto
Cambio de look

Lugar: Viana do Castelo, Rua Afonso II
La luz de la peluquería es blanca, y hace que todos los colores pierdan su brillo. Es desafortunado, porque todos los tintes parecen marrones hasta que se sale al exterior. Pero me gusta que, aquí dentro, desaparezca el tiempo, que no haya ventanas, que no podamos saber si son las doce de la mañana o las diez de la noche. En pocos lugares me concentro tan bien para leer. En mi libro, un padre pierde a su hija, un actor se queda mudo en el escenario. Pasan los minutos y el temporizador suena, me gusta cuando me lavan el pelo. El agua caliente que cae despacio sobre mi cabeza, el masaje suave de los dedos de la peluquera. Alrededor de mí, decenas de tintes que se ven todos marrones. Me secan con una toalla y, después, empiezan a alisar mi pelo rizado, despacio, poco a poco. Cada capa es una eternidad. Al fin, un pelo liso y brillante, que no es el mío, que en nada se parece a mis rizos encrespados. Mañana, todos dirán que estoy guapísima. Mañana, todos me dirán que prefieren a ésta que no soy yo.
Gracias a A. L. por la foto

